CAPÍTULO #2
El Vendedor de Cuadros
Aquella noche, Rosy no pudo dormir, pues los recuerdos, de todos aquellos momentos que había pasado con Daniel, ya no volverían a la realidad, quizás ya nunca más lo volvería a ver, y lo que más la desconcertaba era: ¿Por qué Daniel se iba…? ¿Por qué no le podía decir cual era su misión…? Y en especial ¿Cuál era su misión…?
Rosy en toda la larga noche no pudo consolar el sueño hasta las 4:00 de la mañana que pudo al fin pudo descansar, pero, para desgracia de ella, tuvo una terrible pesadilla, en la cuál Daniel le gritaba a ella de que ya no la amaba más y que le se iba porque ya había otra persona a la cual amaba y que era mucho mejor que ella.
Al llegar el día Rosy debía pararse temprano. Debía empezar su nuevo empleo de verano, ya que necesitaba el dinero, para poder pagar su universidad.
Cuando se levantó de la cama, Rosy esperaba que todo fuera una terrible pesadilla, pero sabía realmente de que era real y de que todo lo que había pasado la noche anterior también no era más que la terrible realidad… No podía escapar de la triste realidad de no poder estar junto Daniel, como antes.
Rosy se levanto al fin de la cama, con un gran sueño, puesto que no había podido dormir en toda la noche por culpa de la pesadilla, y de la triste realidad… Sus ojeras eran grandes… se notaba en ella la falta de sueño…
Fue a bañarse, luego de eso se vistió y bajo las escaleras para ir a desayunar, allí en la cocina, ya estaba su madre despierta, Marietta, una señora ya algo mayor, pequeña, y al igual que su hija, unos hermosos ojos azules. Era una mujer de contextura algo gruesa. Levaba puesto todavía su piyamas, de rayas de diversos colores.
─ ¿Que quieres para desayunar hija? .─Pregunto con Marietta, la madre de Rosy, desde la cocina al oír a su hija bajar por las escaleras.
─ No te preocupes mamá comeré algo en el camino, no quiero llegar tarde a mi primer día de trabajo.
─ ¿Segura hija? si quieres yo puedo prepararte un omelet, o unos pancakes no quieres?
─ No mamá, no te preocupes, le respondió Rosy, y esta se acerco hasta su madre para despedirse, pero la señora Marietta al verla se asusto mucho.
─ OH! por Dios hija que te ha pasado? segura que estas bien? pareciera que no hubieras dormido en siglos.
─ No mamá, no te preocupes, estoy bien. ─ Respondió
Rosy, mientras le sonreía levemente. ─ Ya me voy. ─ Dijo Rosy, antes de que su mamá le hiciera más preguntas y la abrazo y le dio un beso en la mejilla a la mamá. ─ Chao Mamá.
─ Adiós Rosy, Cuídate.
Ahí Rosy salió por la entrada principal, y se dirigió hacia su carro, abrió la puerta, y se subió, luego, saco las llaves de su bolsillo y encendió el carro.
Mientras iba de camino a su trabajo, Rosy debía ir hasta el corazón de la ciudad, a “Fashion Wear”, la tienda de los diseños de ropa de las pasarelas Francesas, donde trabajaría como una de las muchachas que día atender a las personas que iban a la tienda, Rosy iba en un largo camino, rodeado de muchos árboles, cicatrizados por el pasar de los años, y ya perdiendo, sus hojas, marcando el inicio de la temporada de Otoño. Al llegar a la ciudad estaba como cualquier otro día, las personas saliendo, y entrando a los almacenes, otras comprando sus víveres, algunas, sólo paseaban por la ciudad, al estar de vacaciones. Rosy, ya faltando poco para llegar a la boutique, se paro en una estación de combustible, pues se estaba ya quedando sin el. Al pedirle, al señor que le sirviera, Rosy se fijo, en el muchacho que tenia al frente, era idéntico a Daniel, o bueno, eso fue lo que pensó, hasta darse cuenta, de que todas las personas se le parecían idénticas a el, razón con la cual se dio cuenta de que no podía dejar de pensar en él, ningún solo segundo.
Al llegar a la boutique, Rosy se dio cuenta de que era el edificio más grande de toda la ciudad, era de cristal, y tenía una forma de una gran pirámide egipcia, Rosy pensó de que no podía haber elegido un mejor lugar para empezar a trabajar, queriendo llegar a ser una modelo, mas que trabajar en el imperio de la moda de su ciudad. Afuera del edificio se mostraban unas hermosas palmera, y en el centro de todo, una enorme fuente, con la forma de un ángel, vestido de seda.
martes, 11 de diciembre de 2007
martes, 27 de noviembre de 2007
CAPITULO #1 La Despedida
CAPÍTULO #1
La Despedida
Se vislumbraban dos cuerpos en un parque, a la orilla de la inmensa playa, la cual parecía no tener final. Se acercaba la noche, el atardecer ya había llegado a su máximo esplendor, el pasto se movía con suavid con el venir y pasar de la brisa del mar. Algunos niños jugaban y corrían en el pequeño parque mientras eran observados desde las bancas por sus padres. Los árboles, tan viejos, con tantas cicatrices dejadas por el tiempo empezaban a perder sus hojas verdes y empezaban a transformarse en un color marrón; marcando el final del invierno, y dando como bienvenida a una nueva temporada: El Otoño. Los niños ya empezaban a abandonar el parque, junto a sus padres, el parque empezaba a quedar en un tranquilo y relajador silencio que sólo era interrumpido por el sonido de las olas al chocar contra las rocas que se encontraban al final del acantilado, en el malecón, hasta que uno de los dos cuerpos por fin hablo tras un largo silencio.
─ Debo irme… ─ Dijo Daniel Harris. Daniel, era un muchacho de unos 18 años, con un cabello negro azabache y unos hermosos ojos de un color verde intenso.
Daniel sólo unos meses atrás había salido de su último año de secundaria y ya se había graduado, junto a todos sus otros amigos.
─ Pero ¿Por Qué…? ─ Dijo Rosy Sugasti, cuando las lágrimas empezaban a emanar de sus ojos, y a bajar por su rostro.
Rosy era una muchacha muy guapa, de unos 17 años a unos solos cuantos meses para llegar a su tan anhelada mayoría de edad, de una delgada figura, igual al de una modelo, era de piel color cetrina, también tenía unos ojos color azul intenso, además de una larga y hermosa cabellera color esmeralda intenso. También era una de las ex-compañeras de Daniel, recién graduadas con él de su último año de secundaria. Rosy al terminar la escuela ya tenía su futuro decidido, iba a ser una modelo, e iba a estudiar a la universidad de París, Francia.
Rosy era la novia de Daniel, ya tenían 4 años de ser novios, desde cuando Daniel le había pedido que fueran novios el mismo día de su graduación de tercer año de secundaria, y se habían dado su primer beso en su fiesta de graduación mientras bailaban bajo la resplandeciente luz de la luna.
─ Sabes que te Amo, con todo mi corazón. ─ Dijo Rosy sollozando. ─ Acaso… ¿Ya no me amas…?
─ Por supuesto que te amo, sabes que daría mi vida por ti, eres mi musa, mi mayor inspiración… pero debo marcharme…
Hubo otro breve silencio, hasta que Rosy lo volvió a interrumpir.
─ Entonces… ¿Por Qué te vas…?
─ Tengo una promesa que cumplir, y no podré descansar hasta que la haya cumplido.
─ Y… Me podrías decir: ¿Cuál es tu promesa? ─ Dijo Rosy en voz de protesta.
Hubo otro breve silencio, donde sólo se oyó el tranquilo sonido de las olas golpeando las viejas y enormes rocas. El viento soplaba ligeramente y movía el pasto. De repente uno de los dos volvió a hablar para dar a la luz su tan esperada respuesta.
─ Lo siento… ─ Dijo Daniel, en un susurro apenas audible.
─ De verdad lo siento, pero no puedo decirlo, ni a ti, ni a nadie más, es personal, sólo yo y mi mismo, algo que debo cumplir yo solo y sin la ayuda de nadie. Lo único que te puedo decir es que debo cumplir con la misión que se me fue encomendada y que Dios ya me ha puesto en mi destino.
─ Bueno… entonces… ¿Esta será la última vez que nos veremos…? Acaso ya esto es una despedida? ─ Preguntó Rosy esperanzada de oír las palabras que tanto anhelaba escuchar, pero no fue así, sino que para mal de ella, las palabras que escuchó le dieron un vuelco a su corazón.
─ No lo sé… ni yo mismo puedo saber si volveré…, o si nos volveremos a ver.
Después de estas palabras, Rosy había corrido hasta Daniel, y lo había abrazado con todas sus fuerzas mientras ella lloraba a cantaros y él la consolaba, aunque sabía que sería inútil.
─ Creo que todos los cuentos de hadas no siempre tienen un final feliz o sí?
─ Te voy a extrañar Rosy, y si nunca nos volveremos a ver quiero que sepas que siempre vas a estar en mi corazón, y de que siempre te amaré, pero por ahora debo marcharme, a cumplir con mi misión… Sé que el destino te puso en mi camino y a mi en el tuyo por algo, por algo muy especial, y se que el destino me ha puesto esta misión y que no te podré ver… ni tampoco se si nos volveremos a ver algún día, pero todavía hay una posibilidad de que nos volvamos a ver…
Y con estas palabras Rosy se abalanzó sobre Daniel y le dio un enorme beso, lleno de pasión, sabían que ese podría ser su último beso.
─ Sabes que siempre te tendré en mi corazón Daniel y que nunca te olvidaré. ─ Dijo Rosy, con el rostro completamente cubierto en lágrimas. ─ Te amo Daniel… y te voy a extrañar, por siempre…
─ Yo también te amo, y nunca te voy olvidar, se feliz… y….
─ No digas más… Daniel… Siempre te recordaré…
─ Yo también a ti… Adiós Rosy…
Y con estas últimas palabras se alejaron, y cada uno se dirigió hacia su carro, ambos emanaban una radiante y bella luz, proveniente de la luna. Cuando Rosy se subió a su coche encontró en la guantera una pequeña foto, del tamaño de una pequeña tarjeta de cumpleaños, en la cual aparecían dos personas, ella y Daniel, esa era la foto que se habían tomado juntos, el día que habían ido a la playa con sus mejores amigos, eso le recordó a ella todos esos momentos felices, que había pasado con sus amigos, y con Daniel.
Luego encendió su carro, empezaba a moverse, despacio, pues no quería irse tan rápido, quería echar el tiempo atrás, y empezar de nuevo desde el momento en donde conoció a Daniel, y llegar hasta ese momento una y otra vez, así podría estar con el siempre, y allí las lagrimas empezaron a correr por su rostro… hasta que por fin se metió a la carretera, e iba perdiéndose por el camino cada vez más. Y Ya cuando Rosy había desaparecido completamente por aquella carretera, Daniel, empezó a dirigirse hacia su carro, un convertible de color Rojo esmeralda, muy intenso.
Y cuando Daniel estuvo completamente frente a su carro y vio reflejada a la hermosa luna, y allí se acordó de aquel día, en que cuatro años atrás le había confesado todo su amor a Rosy, pidiéndole que fuera su novia, diciéndole que ese era su más desesperado deseo dentro de su corazón, y esta le había dicho que sí.
● ● ●
Era una noche tranquila, estaban en la casa de Antonio, un compañero de ellos, festejando su recién graduación de tercer año de secundaria. Había una brisa fresca, el pasto se movía a su ritmo, habían unos cuantos adornos de navidad en el jardín, ya que se acercaba la navidad, también había una enorme alberca, en donde ya estaban unos cuantos nadando. Unos estaban bailando bajo le hermosa luna, los recién graduados de su clase, que eran pareja bailaban en el centro del extenso jardín, sin ninguna luz artificial, todos los que bailaban en el jardín, bailaban bajo la resplandeciente luz de la luna. Los que no bailaban estaban sentados en las mesas alrededor de los que estaban bailando.
En una mesa, habían dos muchachos hablando, una chica, y un chico.
─ Que hermosa está la luna hoy no? ─ Dijo el muchacho de 15 años, llamado Daniel, queriendo entablar una conversación.
─ Sí, muy hermosa…. ─ Respondió la chica de 14 años, llamada Rosy.
─ Por cierto, felicidades. ─ Dijo Daniel entregándole a Rosy un hermoso y tierno peluche de un osito con su toga, y sombrero de graduación. ─ No había tenido el tiempo de felicitarte ni de entregarte este regalo.
─ Gracias!!. ─ Agradeció Rosy observando al muñeco. ─ Está muy bonito. ─ Continuó Rosy. ─ Yo también tengo algo para ti. ─ Dijo Rosy buscando algo en su chaqueta, hasta que sacó de ella una hermosa pulsera con la inscripción del equipo favorito de Daniel, y se la puso a él en su mano derecha.
─ Muchísimas gracias Rosy, está muy padre.
En ese mismo instante se acababa una pieza musical, y empezaba otra.
─ ¿Quieres ir a bailar Rosy? ─ Preguntó Daniel con algo de pena.
─ ¡Por Supuesto! ─ Respondió Rosy, y lo agarró de la mano y lo llevó hasta el centro de la pista de baile, bajo la gran luna. Los dos únicos que no eran novios que estaban bailando allí eran ellos.
Pasaron alrededor de cinco piezas, hasta que mientras bailaban al ritmo de una melodía suave, de esas que se pone en un baile de San Valentín, deseándose en secreto, pero ninguno se atrevía a decir lo que sentía, ya que tenían un gran temor por ser rechazados, Daniel dice algo.
─ Rosy, ─ Dijo con algo de temor, pero ya era demasiado para cambiar su elección. ─ Debo confesarte algo, algo que ha estado guardado en mi corazón desde hace mucho tiempo.
─ Y ¿qué es eso Daniel, que me quieres decir? ─ Preguntó intrigada Rosy.
─ Es algo que si no te lo digo ahora me arrepentiré para toda mi vida. ─ Empezó a decir Daniel. ─ Bueno… por donde empiezo…? ─ Se preguntó Daniel, hasta que se decidió y tomó las manos de Rosy y la miró a sus ojos.
─ Bueno… aquí vamos… ─ Dijo Daniel, mientras daba un gran suspiro. ─ Rosy quiero decirte de que me gustas mucho, y que estoy enamorado de ti desde hace mucho tiempo, y ser tu novio es mi más desesperado deseo dentro de mi corazón.
─ Yo… También te amo Daniel, pero no me atrevía a decírtelo, por un gran temor a que me rechazaras…
─ Entonces… ─ Volvió a hablar Daniel, esta vez menos nervioso. ─ ¿Quieres ser mi novia…, Rosy? ─ Preguntó Daniel. ─ Esta vez si estaba realmente nervioso, y su vos se oyó completamente nerviosa.
─ Yo… ─ Empezó conmocionada Rosy. ─ Yo… Sí. ─ Estaba Atónita, y no lo podía creer, su más grande deseo y se había cumplido, en ese preciso instante, el deseo mas profundo y más guardado de todo su corazón, el cual sólo lo sabía la mejor amiga de Rosy, Gabriela Osuna.
Daniel también estaba conmocionado, ese también era su mayor deseo, el amaba a Rosy con todo su corazón, y al igual que Rosy sólo lo sabía su mejor amigo, llamado David López.
Entonces Daniel se empezó a acercar poco a poco a Rosy, lento y con mucho cuidado, era su primera novia, y ese iba a ser su primer beso, quería que fuera especial, y como ya sabía, con la persona que más amaba, Rosy. Al mismo tiempo Rosy también se acercaba despacio hacia Daniel, también era su primer beso, y al igual que Daniel, Rosy quería que fuera especial.
Cuando sus labios por fin se juntaron, fue el momento más hermoso de sus vidas, un momento que siempre habían deseado. Allí estuvieron besando por un largo momento, abrazados, y bailando, en todo el centro de la pista, bajo la llamativa luz de la hermosa luna, que brillaba más de lo normal, un brillo sin igual, idéntico al de aquella tarde de otoño, pero esa vez ya no era tan feliz, pues Daniel se marchaba, y no sabía si volvería.
● ● ●
Después de que ese corto, pero alegre recuerdo, las lágrimas empezaron a emanar por los ojos de Daniel. Luego Daniel se subió a su carro y lo encendió… ya iba a casa, quizás por última vez.
La Despedida
Se vislumbraban dos cuerpos en un parque, a la orilla de la inmensa playa, la cual parecía no tener final. Se acercaba la noche, el atardecer ya había llegado a su máximo esplendor, el pasto se movía con suavid con el venir y pasar de la brisa del mar. Algunos niños jugaban y corrían en el pequeño parque mientras eran observados desde las bancas por sus padres. Los árboles, tan viejos, con tantas cicatrices dejadas por el tiempo empezaban a perder sus hojas verdes y empezaban a transformarse en un color marrón; marcando el final del invierno, y dando como bienvenida a una nueva temporada: El Otoño. Los niños ya empezaban a abandonar el parque, junto a sus padres, el parque empezaba a quedar en un tranquilo y relajador silencio que sólo era interrumpido por el sonido de las olas al chocar contra las rocas que se encontraban al final del acantilado, en el malecón, hasta que uno de los dos cuerpos por fin hablo tras un largo silencio.
─ Debo irme… ─ Dijo Daniel Harris. Daniel, era un muchacho de unos 18 años, con un cabello negro azabache y unos hermosos ojos de un color verde intenso.
Daniel sólo unos meses atrás había salido de su último año de secundaria y ya se había graduado, junto a todos sus otros amigos.
─ Pero ¿Por Qué…? ─ Dijo Rosy Sugasti, cuando las lágrimas empezaban a emanar de sus ojos, y a bajar por su rostro.
Rosy era una muchacha muy guapa, de unos 17 años a unos solos cuantos meses para llegar a su tan anhelada mayoría de edad, de una delgada figura, igual al de una modelo, era de piel color cetrina, también tenía unos ojos color azul intenso, además de una larga y hermosa cabellera color esmeralda intenso. También era una de las ex-compañeras de Daniel, recién graduadas con él de su último año de secundaria. Rosy al terminar la escuela ya tenía su futuro decidido, iba a ser una modelo, e iba a estudiar a la universidad de París, Francia.
Rosy era la novia de Daniel, ya tenían 4 años de ser novios, desde cuando Daniel le había pedido que fueran novios el mismo día de su graduación de tercer año de secundaria, y se habían dado su primer beso en su fiesta de graduación mientras bailaban bajo la resplandeciente luz de la luna.
─ Sabes que te Amo, con todo mi corazón. ─ Dijo Rosy sollozando. ─ Acaso… ¿Ya no me amas…?
─ Por supuesto que te amo, sabes que daría mi vida por ti, eres mi musa, mi mayor inspiración… pero debo marcharme…
Hubo otro breve silencio, hasta que Rosy lo volvió a interrumpir.
─ Entonces… ¿Por Qué te vas…?
─ Tengo una promesa que cumplir, y no podré descansar hasta que la haya cumplido.
─ Y… Me podrías decir: ¿Cuál es tu promesa? ─ Dijo Rosy en voz de protesta.
Hubo otro breve silencio, donde sólo se oyó el tranquilo sonido de las olas golpeando las viejas y enormes rocas. El viento soplaba ligeramente y movía el pasto. De repente uno de los dos volvió a hablar para dar a la luz su tan esperada respuesta.
─ Lo siento… ─ Dijo Daniel, en un susurro apenas audible.
─ De verdad lo siento, pero no puedo decirlo, ni a ti, ni a nadie más, es personal, sólo yo y mi mismo, algo que debo cumplir yo solo y sin la ayuda de nadie. Lo único que te puedo decir es que debo cumplir con la misión que se me fue encomendada y que Dios ya me ha puesto en mi destino.
─ Bueno… entonces… ¿Esta será la última vez que nos veremos…? Acaso ya esto es una despedida? ─ Preguntó Rosy esperanzada de oír las palabras que tanto anhelaba escuchar, pero no fue así, sino que para mal de ella, las palabras que escuchó le dieron un vuelco a su corazón.
─ No lo sé… ni yo mismo puedo saber si volveré…, o si nos volveremos a ver.
Después de estas palabras, Rosy había corrido hasta Daniel, y lo había abrazado con todas sus fuerzas mientras ella lloraba a cantaros y él la consolaba, aunque sabía que sería inútil.
─ Creo que todos los cuentos de hadas no siempre tienen un final feliz o sí?
─ Te voy a extrañar Rosy, y si nunca nos volveremos a ver quiero que sepas que siempre vas a estar en mi corazón, y de que siempre te amaré, pero por ahora debo marcharme, a cumplir con mi misión… Sé que el destino te puso en mi camino y a mi en el tuyo por algo, por algo muy especial, y se que el destino me ha puesto esta misión y que no te podré ver… ni tampoco se si nos volveremos a ver algún día, pero todavía hay una posibilidad de que nos volvamos a ver…
Y con estas palabras Rosy se abalanzó sobre Daniel y le dio un enorme beso, lleno de pasión, sabían que ese podría ser su último beso.
─ Sabes que siempre te tendré en mi corazón Daniel y que nunca te olvidaré. ─ Dijo Rosy, con el rostro completamente cubierto en lágrimas. ─ Te amo Daniel… y te voy a extrañar, por siempre…
─ Yo también te amo, y nunca te voy olvidar, se feliz… y….
─ No digas más… Daniel… Siempre te recordaré…
─ Yo también a ti… Adiós Rosy…
Y con estas últimas palabras se alejaron, y cada uno se dirigió hacia su carro, ambos emanaban una radiante y bella luz, proveniente de la luna. Cuando Rosy se subió a su coche encontró en la guantera una pequeña foto, del tamaño de una pequeña tarjeta de cumpleaños, en la cual aparecían dos personas, ella y Daniel, esa era la foto que se habían tomado juntos, el día que habían ido a la playa con sus mejores amigos, eso le recordó a ella todos esos momentos felices, que había pasado con sus amigos, y con Daniel.
Luego encendió su carro, empezaba a moverse, despacio, pues no quería irse tan rápido, quería echar el tiempo atrás, y empezar de nuevo desde el momento en donde conoció a Daniel, y llegar hasta ese momento una y otra vez, así podría estar con el siempre, y allí las lagrimas empezaron a correr por su rostro… hasta que por fin se metió a la carretera, e iba perdiéndose por el camino cada vez más. Y Ya cuando Rosy había desaparecido completamente por aquella carretera, Daniel, empezó a dirigirse hacia su carro, un convertible de color Rojo esmeralda, muy intenso.
Y cuando Daniel estuvo completamente frente a su carro y vio reflejada a la hermosa luna, y allí se acordó de aquel día, en que cuatro años atrás le había confesado todo su amor a Rosy, pidiéndole que fuera su novia, diciéndole que ese era su más desesperado deseo dentro de su corazón, y esta le había dicho que sí.
● ● ●
Era una noche tranquila, estaban en la casa de Antonio, un compañero de ellos, festejando su recién graduación de tercer año de secundaria. Había una brisa fresca, el pasto se movía a su ritmo, habían unos cuantos adornos de navidad en el jardín, ya que se acercaba la navidad, también había una enorme alberca, en donde ya estaban unos cuantos nadando. Unos estaban bailando bajo le hermosa luna, los recién graduados de su clase, que eran pareja bailaban en el centro del extenso jardín, sin ninguna luz artificial, todos los que bailaban en el jardín, bailaban bajo la resplandeciente luz de la luna. Los que no bailaban estaban sentados en las mesas alrededor de los que estaban bailando.
En una mesa, habían dos muchachos hablando, una chica, y un chico.
─ Que hermosa está la luna hoy no? ─ Dijo el muchacho de 15 años, llamado Daniel, queriendo entablar una conversación.
─ Sí, muy hermosa…. ─ Respondió la chica de 14 años, llamada Rosy.
─ Por cierto, felicidades. ─ Dijo Daniel entregándole a Rosy un hermoso y tierno peluche de un osito con su toga, y sombrero de graduación. ─ No había tenido el tiempo de felicitarte ni de entregarte este regalo.
─ Gracias!!. ─ Agradeció Rosy observando al muñeco. ─ Está muy bonito. ─ Continuó Rosy. ─ Yo también tengo algo para ti. ─ Dijo Rosy buscando algo en su chaqueta, hasta que sacó de ella una hermosa pulsera con la inscripción del equipo favorito de Daniel, y se la puso a él en su mano derecha.
─ Muchísimas gracias Rosy, está muy padre.
En ese mismo instante se acababa una pieza musical, y empezaba otra.
─ ¿Quieres ir a bailar Rosy? ─ Preguntó Daniel con algo de pena.
─ ¡Por Supuesto! ─ Respondió Rosy, y lo agarró de la mano y lo llevó hasta el centro de la pista de baile, bajo la gran luna. Los dos únicos que no eran novios que estaban bailando allí eran ellos.
Pasaron alrededor de cinco piezas, hasta que mientras bailaban al ritmo de una melodía suave, de esas que se pone en un baile de San Valentín, deseándose en secreto, pero ninguno se atrevía a decir lo que sentía, ya que tenían un gran temor por ser rechazados, Daniel dice algo.
─ Rosy, ─ Dijo con algo de temor, pero ya era demasiado para cambiar su elección. ─ Debo confesarte algo, algo que ha estado guardado en mi corazón desde hace mucho tiempo.
─ Y ¿qué es eso Daniel, que me quieres decir? ─ Preguntó intrigada Rosy.
─ Es algo que si no te lo digo ahora me arrepentiré para toda mi vida. ─ Empezó a decir Daniel. ─ Bueno… por donde empiezo…? ─ Se preguntó Daniel, hasta que se decidió y tomó las manos de Rosy y la miró a sus ojos.
─ Bueno… aquí vamos… ─ Dijo Daniel, mientras daba un gran suspiro. ─ Rosy quiero decirte de que me gustas mucho, y que estoy enamorado de ti desde hace mucho tiempo, y ser tu novio es mi más desesperado deseo dentro de mi corazón.
─ Yo… También te amo Daniel, pero no me atrevía a decírtelo, por un gran temor a que me rechazaras…
─ Entonces… ─ Volvió a hablar Daniel, esta vez menos nervioso. ─ ¿Quieres ser mi novia…, Rosy? ─ Preguntó Daniel. ─ Esta vez si estaba realmente nervioso, y su vos se oyó completamente nerviosa.
─ Yo… ─ Empezó conmocionada Rosy. ─ Yo… Sí. ─ Estaba Atónita, y no lo podía creer, su más grande deseo y se había cumplido, en ese preciso instante, el deseo mas profundo y más guardado de todo su corazón, el cual sólo lo sabía la mejor amiga de Rosy, Gabriela Osuna.
Daniel también estaba conmocionado, ese también era su mayor deseo, el amaba a Rosy con todo su corazón, y al igual que Rosy sólo lo sabía su mejor amigo, llamado David López.
Entonces Daniel se empezó a acercar poco a poco a Rosy, lento y con mucho cuidado, era su primera novia, y ese iba a ser su primer beso, quería que fuera especial, y como ya sabía, con la persona que más amaba, Rosy. Al mismo tiempo Rosy también se acercaba despacio hacia Daniel, también era su primer beso, y al igual que Daniel, Rosy quería que fuera especial.
Cuando sus labios por fin se juntaron, fue el momento más hermoso de sus vidas, un momento que siempre habían deseado. Allí estuvieron besando por un largo momento, abrazados, y bailando, en todo el centro de la pista, bajo la llamativa luz de la hermosa luna, que brillaba más de lo normal, un brillo sin igual, idéntico al de aquella tarde de otoño, pero esa vez ya no era tan feliz, pues Daniel se marchaba, y no sabía si volvería.
● ● ●
Después de que ese corto, pero alegre recuerdo, las lágrimas empezaron a emanar por los ojos de Daniel. Luego Daniel se subió a su carro y lo encendió… ya iba a casa, quizás por última vez.
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