martes, 11 de diciembre de 2007

CAPÍTULO #2 El Vendedor de Cuadros

CAPÍTULO #2
El Vendedor de Cuadros



Aquella noche, Rosy no pudo dormir, pues los recuerdos, de todos aquellos momentos que había pasado con Daniel, ya no volverían a la realidad, quizás ya nunca más lo volvería a ver, y lo que más la desconcertaba era: ¿Por qué Daniel se iba…? ¿Por qué no le podía decir cual era su misión…? Y en especial ¿Cuál era su misión…?
Rosy en toda la larga noche no pudo consolar el sueño hasta las 4:00 de la mañana que pudo al fin pudo descansar, pero, para desgracia de ella, tuvo una terrible pesadilla, en la cuál Daniel le gritaba a ella de que ya no la amaba más y que le se iba porque ya había otra persona a la cual amaba y que era mucho mejor que ella.


Al llegar el día Rosy debía pararse temprano. Debía empezar su nuevo empleo de verano, ya que necesitaba el dinero, para poder pagar su universidad.
Cuando se levantó de la cama, Rosy esperaba que todo fuera una terrible pesadilla, pero sabía realmente de que era real y de que todo lo que había pasado la noche anterior también no era más que la terrible realidad… No podía escapar de la triste realidad de no poder estar junto Daniel, como antes.

Rosy se levanto al fin de la cama, con un gran sueño, puesto que no había podido dormir en toda la noche por culpa de la pesadilla, y de la triste realidad… Sus ojeras eran grandes… se notaba en ella la falta de sueño…
Fue a bañarse, luego de eso se vistió y bajo las escaleras para ir a desayunar, allí en la cocina, ya estaba su madre despierta, Marietta, una señora ya algo mayor, pequeña, y al igual que su hija, unos hermosos ojos azules. Era una mujer de contextura algo gruesa. Levaba puesto todavía su piyamas, de rayas de diversos colores.

─ ¿Que quieres para desayunar hija? .─Pregunto con Marietta, la madre de Rosy, desde la cocina al oír a su hija bajar por las escaleras.

─ No te preocupes mamá comeré algo en el camino, no quiero llegar tarde a mi primer día de trabajo.

─ ¿Segura hija? si quieres yo puedo prepararte un omelet, o unos pancakes no quieres?

─ No mamá, no te preocupes, le respondió Rosy, y esta se acerco hasta su madre para despedirse, pero la señora Marietta al verla se asusto mucho.

─ OH! por Dios hija que te ha pasado? segura que estas bien? pareciera que no hubieras dormido en siglos.

─ No mamá, no te preocupes, estoy bien. ─ Respondió
Rosy, mientras le sonreía levemente. ─ Ya me voy. ─ Dijo Rosy, antes de que su mamá le hiciera más preguntas y la abrazo y le dio un beso en la mejilla a la mamá. ─ Chao Mamá.

─ Adiós Rosy, Cuídate.

Ahí Rosy salió por la entrada principal, y se dirigió hacia su carro, abrió la puerta, y se subió, luego, saco las llaves de su bolsillo y encendió el carro.

Mientras iba de camino a su trabajo, Rosy debía ir hasta el corazón de la ciudad, a “Fashion Wear”, la tienda de los diseños de ropa de las pasarelas Francesas, donde trabajaría como una de las muchachas que día atender a las personas que iban a la tienda, Rosy iba en un largo camino, rodeado de muchos árboles, cicatrizados por el pasar de los años, y ya perdiendo, sus hojas, marcando el inicio de la temporada de Otoño. Al llegar a la ciudad estaba como cualquier otro día, las personas saliendo, y entrando a los almacenes, otras comprando sus víveres, algunas, sólo paseaban por la ciudad, al estar de vacaciones. Rosy, ya faltando poco para llegar a la boutique, se paro en una estación de combustible, pues se estaba ya quedando sin el. Al pedirle, al señor que le sirviera, Rosy se fijo, en el muchacho que tenia al frente, era idéntico a Daniel, o bueno, eso fue lo que pensó, hasta darse cuenta, de que todas las personas se le parecían idénticas a el, razón con la cual se dio cuenta de que no podía dejar de pensar en él, ningún solo segundo.

Al llegar a la boutique, Rosy se dio cuenta de que era el edificio más grande de toda la ciudad, era de cristal, y tenía una forma de una gran pirámide egipcia, Rosy pensó de que no podía haber elegido un mejor lugar para empezar a trabajar, queriendo llegar a ser una modelo, mas que trabajar en el imperio de la moda de su ciudad. Afuera del edificio se mostraban unas hermosas palmera, y en el centro de todo, una enorme fuente, con la forma de un ángel, vestido de seda.